Poesía Naturalista
Convergencia de dos
I
En soledad de mar,
muy lejos de la vanidad del hombre,
del Orgullo Vital que la planeara, yace tranquilamente.
II
Aposentos de acero, extintas ya las piras
de todos sus salamandrinos fuegos,
son traspasados por las frías corrientes, vueltos liras de rítmicas mareas.
III
En los espejos, creados con el fin
de enmarcar al magnate,
se desliza –grotesco y viscoso, callado, indiferente– un gusano de mar.
IV
Las alegres alhajas, diseñadas
para arrobar las mentes sensitivas,
yacen yertas y todos sus fulgores son nimios, negros, nulos.
V
Peces con ojos de menguante luna
miran aquel dorado equipo desde cerca
y se preguntan: “¿Qué hace aquí abajo tamaña petulancia?”
VI
Pues bien: mientras se estaba construyendo
esta criatura de ala surcadora,
el Destino Inmanente, que todo lo remueve y lo propulsa,
VII
le preparó un siniestro compañero
a ella, tan graciosamente grande:
un Figurín de Hielo, por entonces obeso y apartado.
VIII
Mientras crecía la elegante nave
en estatura, gracia y colorido,
a una distancia oscura y silenciosa también crecía el Iceberg.
IX
Parecían ser dos desconocidos:
ningún ojo mortal pudo advertir
la soldadura íntima de su postrera historia.
X
O señal de que fueran orillados
por rutas coincidentes
a ser, poco después, las mitades perfectas de un Augusto suceso.
XI
Hasta que la Hilandera de los Años
dijo: “¡Ahora!” Y cada quien lo oye,
se consolida la consumación y hace estremecer dos hemisferios. ~
El naturalismo
se introdujo hacia 1882, en medio de una fuerte polémica. Los sectores
conservadores lo consideraban inmoral y opuesto al catolicismo, ya que
negaba la libertad del hombre para elegir su conducta. Hacia 1890 el
naturalismo fue diluyéndose, lo que no impidió que Vicente Blasco Ibáñez
siguiera escribiendo con éxito novelas naturalistas a lo largo de las
dos primeras décadas del siglo XX. La poesía siguió cultivándose y tuvo
buena acogida entre el público, aunque hoy resulte alejada de nuestra
sensibilidad.
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