miércoles, 26 de septiembre de 2012

Poesía Naturalista


Convergencia de dos
I
  En soledad de mar,
  muy lejos de la vanidad del hombre,
del Orgullo Vital que la planeara, yace tranquilamente.
II
  Aposentos de acero, extintas ya las piras
  de todos sus salamandrinos fuegos,
son traspasados por las frías corrientes, vueltos liras de rítmicas mareas.
III
  En los espejos, creados con el fin
  de enmarcar al magnate,
se desliza –grotesco y viscoso, callado, indiferente– un gusano de mar.
IV
  Las alegres alhajas, diseñadas
  para arrobar las mentes sensitivas,
yacen yertas y todos sus fulgores son nimios, negros, nulos.
V
  Peces con ojos de menguante luna
  miran aquel dorado equipo desde cerca
y se preguntan: “¿Qué hace aquí abajo tamaña petulancia?”
VI
  Pues bien: mientras se estaba construyendo
  esta criatura de ala surcadora,
el Destino Inmanente, que todo lo remueve y lo propulsa,
VII
  le preparó un siniestro compañero
  a ella, tan graciosamente grande:
un Figurín de Hielo, por entonces obeso y apartado.
VIII
  Mientras crecía la elegante nave
  en estatura, gracia y colorido,
a una distancia oscura y silenciosa también crecía el Iceberg.
IX
  Parecían ser dos desconocidos:
  ningún ojo mortal pudo advertir
la soldadura íntima de su postrera historia.
X
  O señal de que fueran orillados
  por rutas coincidentes
a ser, poco después, las mitades perfectas de un Augusto suceso.
XI
  Hasta que la Hilandera de los Años
  dijo: “¡Ahora!” Y cada quien lo oye,
se consolida la consumación y hace estremecer dos hemisferios. ~



El naturalismo se introdujo hacia 1882, en medio de una fuerte polémica. Los sectores conservadores lo consideraban inmoral y opuesto al catolicismo, ya que negaba la libertad del hombre para elegir su conducta. Hacia 1890 el naturalismo fue diluyéndose, lo que no impidió que Vicente Blasco Ibáñez siguiera escribiendo con éxito novelas naturalistas a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XX. La poesía siguió cultivándose y tuvo buena acogida entre el público, aunque hoy resulte alejada de nuestra sensibilidad.

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